Una odisea es un viaje largo, lleno de aventuras, desafíos y experiencias extraordinarias …

Mientras planificaba mi viaje por Sudamérica, iba marcando en el mapa distintos lugares que quería conocer. Algunos los descubrí en blogs de viaje, otros en redes sociales y muchos gracias a recomendaciones de otros viajeros.
Fue así como conocí Caleta Cóndor, una playa rodeada de bosque nativo y aguas turquesas que parecía sacada de una postal. Sin embargo, al revisar el mapa descubrí que no existía una ruta directa para llegar en bicicleta. En ese entonces, la única forma de acceder era por mar desde Bahía Mansa.
Por eso quedó marcada como uno de esos lugares pendientes que algún día esperaba visitar.
Años después, durante la última etapa de mi viaje por Sudamérica, decidí recorrer el antiguo Camino Real de la Región de Los Lagos. Fue allí donde conocí el Refugio Kurileufu y a sus fundadores, Elier y Soledad, dos personas increíbles que con el tiempo se convertirían en grandes amigos.

Lo que no imaginaba era que, gracias a ellos, finalmente descubriría una forma de llegar a Caleta Cóndor por tierra.
Elier llevaba un tiempo desarrollando un proyecto llamado Odisea Caleta Cóndor, una travesía que une Riachuelo con la caleta utilizando antiguos caminos interiores y un descenso en bote por el río Cholhuaco. La primera expedición se había realizado durante el verano de 2024, completando el recorrido en una larga jornada que terminó cerca de la medianoche. La experiencia dejó una idea clara: para disfrutar realmente del territorio, la siguiente edición debía realizarse en dos días.
Fue entonces cuando me invitó a participar.
Tras finalizar mi viaje por Sudamérica, seguí dándole vueltas a la idea. En esos meses también realicé un curso WAFA (Wilderness Advanced First Aid), buscando una forma de combinar mi profesión con los viajes y las actividades al aire libre. Le propuse a Elier colaborar como guía, apoyando en la logística de salud y documentando la experiencia con fotografías. Su respuesta fue inmediata.
Así comenzó la planificación de la segunda edición de la Odisea Caleta Cóndor.
Meses de preparación, definición de rutas, lugares de descanso, logística y coordinación dieron forma a una aventura que poco a poco empezó a hacerse realidad. Finalmente llegó el día de partir junto a 7 personas que decidieron confiar en este proyecto y lanzarse a descubrir uno de los rincones más aislados y sorprendentes de la costa sur de Chile.
Y así comenzó nuestra odisea…
Día 0

La Odisea comienza en el Refugio Kurileufu, ubicado a un kilómetro de Riachuelo y a unos 30 kilómetros de Osorno. Este refugio fue creado por Elier y Soledad con la visión de recibir viajeros de todo tipo: ciclistas, mochileros, motociclistas o cualquier persona interesada en conocer el Camino Real y el territorio del Bosque Siempreverde.
Si te interesa conocer más sobre este lugar, puedes visitar su sitio web aquí: [www.refugiokurileufu.com].
El día 0 está pensado para que tanto los participantes como el equipo de guías lleguemos al refugio y podamos conocernos en persona. Aunque previamente habíamos realizado una reunión online para preparar la expedición, nada reemplaza las conversaciones cara a cara y la emoción de los momentos previos a una aventura.
Durante la tarde revisamos bicicletas, alforjas, ropa y equipamiento. También organizamos la carga que sería enviada por mar hasta Caleta Cóndor y revisamos la alimentación para los días siguientes. Los preparativos son parte fundamental de cualquier viaje, especialmente cuando nos dirigimos a lugares aislados.

Como todavía nos quedaba tiempo, aprovechamos de recorrer Riachuelo, un pequeño pueblo con una historia fascinante. Fundado por colonos europeos, aún conserva casas de arquitectura alemana y francesa que recuerdan la época de mayor prosperidad de la zona.
Durante décadas, la economía local estuvo ligada a la explotación del alerce y a los yacimientos de oro de Ponsuelo. Gracias a ello, el pueblo llegó a contar con municipalidad, colegio, posta, jardín botánico e incluso un teatro, varios de los cuales aún forman parte de su patrimonio.
Recorrer Riachuelo junto a Elier es casi como viajar en el tiempo. Conoce cada rincón, cada historia y cada personaje que formó parte de la identidad de este territorio.
Con los preparativos listos y una mejor comprensión de la historia local, nos fuimos a descansar. Al día siguiente comenzaría realmente nuestra odisea.
Día 1
El primer día está pensado como una jornada de adaptación. Nos esperan 27 kilómetros de recorrido: los primeros cuatro sobre asfalto y el resto por caminos de ripio en excelente estado. El desafío principal sería una subida final de tres kilómetros, que nos llevaría desde los 200 hasta cerca de los 500 metros sobre el nivel del mar.
Antes de partir realizamos un paso fundamental para este tipo de expediciones. Debido a que recorreríamos zonas remotas y alejadas de caminos públicos, informamos nuestro itinerario a Carabineros, indicando la ruta y los días estimados de viaje. Este procedimiento permite facilitar cualquier eventual rescate o asistencia en caso de emergencia.
Con todo listo, comenzamos a pedalear por la ruta U-602 en dirección a Caleta Huellelhue, una playa ubicada al norte de Caleta Cóndor. Actualmente existe camino vehicular hasta el río Huellelhue, desde donde parten embarcaciones que continúan río abajo.
Los primeros kilómetros atraviesan plantaciones forestales y sectores agrícolas. Por ello, el tránsito de camiones y vehículos es relativamente frecuente. Sin embargo, algo que nos llamó la atención fue el respeto de los conductores, quienes reducían la velocidad y mantenían una distancia prudente al adelantarnos.
En el kilómetro 4 llegamos al fin del asfalto. Desde ese punto en adelante solo tendríamos ripio, aunque en excelentes condiciones. El terreno presenta varios repechos cortos, por lo que decidimos avanzar sin prisa, disfrutando del paisaje y de las historias que Elier compartía sobre el territorio.
Al llegar al kilómetro 18 encontramos el desvío hacia las antiguas minas de Ponsuelo, uno de los primeros centros de explotación aurífera de la colonia. Desde allí comienza una entretenida bajada hasta el río Huellelhue, punto donde se inicia el gran desafío físico de la Odisea.
La subida completa suma cerca de seis kilómetros y más de 600 metros de desnivel positivo. Sin embargo, la enfrentaríamos en dos jornadas, ya que a mitad de camino se encuentran las cabañas de Anita Colihuachún, nuestro destino para la primera noche.
Anita es descendiente del pueblo huilliche, habitante ancestral de estos territorios mucho antes de la llegada de los españoles. Junto a su familia transformó un antiguo aserradero en un espacio de descanso y desconexión para quienes recorren estas montañas.
Rodeadas de bosque y tranquilidad, sus cabañas serían el lugar perfecto para recuperar energías antes de continuar nuestro camino hacia Caleta Cóndor





Día 2
El segundo día de la Odisea comenzó en las cabañas de Anita. Después de un contundente desayuno estábamos listos para completar los últimos tres kilómetros de subida, perfectos para entrar en calor antes de afrontar la jornada.
Al llegar a la meseta, el esfuerzo tuvo recompensa. A lo lejos aparecían algunos de los volcanes más emblemáticos de la Región de Los Lagos: Osorno, Calbuco, Puntiagudo y Puyehue, acompañándonos en el horizonte durante gran parte del recorrido.
Desde ese punto comenzamos a internarnos en territorio de alerces. Estos árboles milenarios pueden vivir miles de años, y uno de sus ejemplares más famosos, ubicado en el Parque Nacional Alerce Costero, tiene una edad estimada de más de 5.000 años.
Los alerces son una especie extraordinaria, adaptada a las condiciones más exigentes de la Cordillera de la Costa. Sin embargo, durante siglos fueron intensamente explotados debido a la calidad de su madera. Hoy se encuentran protegidos y fueron declarados Monumento Natural de Chile en 1977.
Recorrer la meseta es una experiencia difícil de describir. Lejos de la civilización, rodeados de bosque nativo y avanzando por caminos en excelente estado, cada kilómetro parece pensado para quienes disfrutan viajar en bicicleta. Son cerca de 15 kilómetros de recorrido con poco desnivel, aunque algunos repechos recuerdan que todavía estamos en plena aventura.
Finalmente llegamos al mirador de las caletas Cóndor y Huellelhue, ambas ubicadas dentro del Parque Indígena Mapu Lahual.
Mapu Lahual, cuyo nombre significa «territorio de los alerces», es uno de los lugares más especiales del sur de Chile. Aquí convergen el bosque siempreverde, el océano y la cultura huilliche en un territorio que ha logrado conservar una de las últimas grandes extensiones de bosque nativo costero del país.
Desde el mirador comenzamos una pronunciada bajada de aproximadamente cinco kilómetros hasta el inicio del sendero que desciende al río Cholhuaco, nuestro próximo destino. El camino vehicular continúa hacia Caleta Huellelhue, mientras que nosotros nos internamos en el bosque para afrontar uno de los tramos más desafiantes de toda la expedición.






Paso del León
El sendero recibe su nombre por la presencia histórica de pumas en la zona. Son aproximadamente cuatro kilómetros de recorrido a través de un estrecho sendero construido y mantenido por habitantes locales.
A pie puede completarse en una hora o una hora y media. Con bicicletas la historia es distinta. Entre cargar, empujar y sortear obstáculos, el recorrido puede tomar entre tres y cuatro horas.
Pero justamente ahí radica parte de la magia de esta odisea.
Poco a poco fuimos perdiendo altura hasta llegar cerca de las cuatro de la tarde al río Cholhuaco, donde nos esperaba don Víctor.
Como todavía quedaban varias horas de luz, aprovechamos la tarde para descansar y refrescarnos en las aguas cristalinas del río. Después de dos días de esfuerzo, aquel momento de tranquilidad fue un regalo.
Al caer la tarde llegó uno de los momentos más esperados del viaje. Cargamos las bicicletas en una pequeña embarcación y abordamos el bote principal de don Víctor para comenzar el descenso por el río Cholhuaco.
Durante poco más de una hora navegamos entre bosques y montañas hasta que finalmente apareció nuestro destino: Caleta Cóndor.






Caleta Cóndor
Caleta Cóndor es un pequeño asentamiento costero donde durante el verano viven familias dedicadas principalmente al turismo. Sus playas de arena blanca y aguas turquesas contrastan con el intenso verde del bosque nativo que las rodea, creando un paisaje que muchas veces ha sido comparado con destinos tropicales.
Durante los meses estivales es posible encontrar hospedajes, camping, restaurantes y pequeños almacenes. Sin embargo, fuera de temporada gran parte de la actividad desaparece y el aislamiento vuelve a ser protagonista.
Curiosamente, pese a su nombre, Caleta Cóndor no es realmente una caleta tradicional. Tampoco cuenta con un puerto formal. Los embarques y desembarques se realizan directamente desde la playa, una característica que refuerza la sensación de estar llegando a un lugar remoto y especial.
Existe además otra curiosidad: a pesar de llamarse Caleta Cóndor, en la zona prácticamente no habitan cóndores. Lo habitual es observar jotes de cabeza negra sobrevolando la costa. El origen exacto del nombre sigue siendo incierto, aunque probablemente se deba a algún cóndor errante que llegó hasta estas tierras hace muchos años.
Así terminaba nuestra Odisea Caleta Cóndor: dos días de bicicleta, senderos, bosques milenarios, navegación y nuevas amistades, recorriendo uno de los rincones más aislados y sorprendentes del sur de Chile.







Si te gustaría vivir esta experiencia, te invito a revisar las próximas fechas de la Odisea Caleta Cóndor en el siguiente enlace [https://www.refugiokurileufu.com/proximos-eventos/odisea-caleta-condor/]. También encontrarás el track de la ruta y el documental completo de esta expedición.
Nos vemos en la próxima aventura.
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