¿Por qué viajo en bicicleta?

Esta es una pregunta que se ha vuelto recurrente entre amigos, conocidos y personas que conocieron mi viaje por Sudamérica —al cual le dedicaré distintos posts más adelante—.

Quería escribir este texto como el inicio de una serie de relatos de viaje, inspiración y aprendizaje, que espero puedan llegar a ti que estás leyendo esto y, de alguna forma, serte tan útiles como lo fueron para mí las conversaciones y experiencias compartidas con viajeros de distintas partes del mundo.

Para responder esta pregunta tengo que remontarme a los años 2014-2015.

Por esa época usaba la bicicleta únicamente para moverme por Santiago: ir a la universidad, trabajar como cartero o simplemente salir a pasear. Eran recorridos de no más de 25 kilómetros y con un desnivel completamente desconocido para mí, porque en ese entonces no entendía nada de esos números… ni tampoco me importaban demasiado.

Durante las vacaciones de verano solía viajar al sur de Chile. Muchas veces a Pucón, otras a Puerto Montt para recorrer sus alrededores. Cochamó fue uno de los primeros lugares donde descubrí lo mucho que disfrutaba acampar.

En esos años el cicloturismo en Chile era bastante poco conocido. Estoy seguro de que siempre existieron chilenos realizando este tipo de viajes, pero simplemente no tenían la visibilidad de hoy. Quizás uno de los más conocidos era Lucho Andaur. Además, las redes sociales recién comenzaban a crecer, por lo que este estilo de aventuras todavía vivía bastante “a la sombra”.

Si mal no recuerdo, un día caminando por Pucón vi a dos “gringos” —y con eso me refiero a extranjeros no latinos— viajando en bicicletas cargadas con bolsos rojos adelante y atrás. Hoy sé que esos bolsos se llaman alforjas, y que existen de distintas marcas, materiales y diseños (tema que perfectamente podría dar para otro post completo).

En ese momento no tenía idea de todo lo que eso despertaría a futuro.

Hasta entonces jamás se me había pasado por la cabeza viajar en bicicleta o recorrer distintos lugares en un mismo viaje. El mochileo nunca me llamó demasiado la atención, pero sí me atraía la idea de conocer varios lugares durante unas mismas vacaciones. Ver a esas personas viajando así me dejó una pregunta dando vueltas en la cabeza:

¿Cómo será hacer un viaje en bicicleta?

Durante todo el año 2015 estuve pensando si debía intentarlo y hacia dónde ir. Creo que, en parte gracias a la inexperiencia, terminé tomando una de las mejores decisiones posibles: sin complicarme demasiado elegí la Carretera Austral.

Un recorrido escénico de más de 1.200 kilómetros que atraviesa parques nacionales, fiordos, montañas y algunos de los paisajes más increíbles de Chile. En esa época gran parte de la ruta todavía era de ripio y ya era considerada mundialmente como uno de los viajes soñados para hacer en bicicleta.

Así fue como empecé a buscar información en blogs de viaje —que en esos años eran mucho más utilizados que hoy— debido a que las redes sociales aún no dominaban todo y no existía esta necesidad constante de inmediatez.

Recuerdo especialmente un blog cuyo nombre ya olvidé, pero que describía el viaje kilómetro a kilómetro: dónde dormir, dónde comer, dónde conseguir agua… prácticamente un manual completo de cómo viajar por la Carretera Austral.

Usando ese blog como referencia y mirando mapas de papel, fui marcando todos los lugares que quería conocer. Después de hacer cálculos llegué a una triste conclusión: necesitaría al menos seis meses para recorrer todo como quería.

Pero yo apenas tenía un mes y medio.

Así que tuve que empezar a filtrar lugares y adaptar el viaje a la realidad.

Prepararme tampoco fue demasiado distinto a lo que ya hacía: seguir saliendo en bicicleta por Santiago y comprar el equipo de camping que mi presupuesto permitiera. Mis primeras alforjas fueron unas azules marca Wayra.

Y así, en enero de 2016, tomé un bus desde Santiago rumbo a Puerto Montt, donde comienza —o termina— la Carretera Austral.

Ese primer viaje ya era una odisea por sí sola. Hoy subir una bicicleta a un bus me parece completamente normal, pero en ese tiempo todo era nuevo: entender cómo transportar la bicicleta, llegar corriendo al terminal sobre la hora y sentir que cualquier pequeño problema podía arruinar el viaje.

Recorrer la Carretera Austral fue un aprendizaje constante.

Aprendí cuántos kilómetros hacer por día, dónde acampar, qué comer, cuándo descansar y muchísimas otras cosas que solo se entienden realmente estando en ruta.

Pero el aprendizaje más importante fue conocer viajeros de distintas partes del mundo que me hicieron entender que otra forma de vivir también era posible.

Una de las personas más importantes en ese proceso fue Raymond, creador de la ONG “Otra Vida es Posible”. Una conversación con él cambió completamente mi manera de ver los viajes… y también la vida.

Desde esas vacaciones no paré nunca más.

Después vendrían la Ruta Interlagos, los Siete Lagos en Argentina, nuevamente la zona sur de la Carretera Austral, viajes por la costa centro-sur de Chile y, finalmente, el gran viaje por Sudamérica.

Entonces, volviendo a la pregunta inicial:

¿Por qué viajo en bicicleta?

Creo que es imposible responderla con una sola razón, porque cada viaje me entrega una respuesta distinta.

La libertad de moverse, decidir dónde quedarse, dónde detenerse o cambiar completamente el rumbo. La sensación de que cada kilómetro recorrido depende únicamente de tu propio esfuerzo. La energía que eso genera. Los lugares que he podido conocer. Las personas que he encontrado en el camino.

Todo eso forma una mezcla difícil de explicar… pero muy fácil de querer repetir una y otra vez.

Paradójicamente, también he aprendido que muchos de los lugares más hermosos son justamente aquellos a los que más cuesta llegar.

Y quizás eso también termina aplicando para la vida.

Viajar en bicicleta me ha permitido mirar el mundo con otros ojos: valorar mucho más lo simple, disfrutar lo cotidiano y también desarrollar una mirada más crítica sobre la realidad que nos rodea.

Espero que este pequeño post te haya gustado.

Será el primero de muchos, donde iré compartiendo historias, aprendizajes y también algunos tutoriales que quizás puedan servirte si estás pensando en lanzarte a tu propia aventura.

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